sábado, 18 de abril de 2020

Mi Quijote Estonio

Teravmeelne Hidalgo Don Quijote la Manchast





Aita Kurfeldt, antes de la entrada de los nazis en Estonia, tenía finalizada su traducción directa del castellano al estonio del Quijote. No la vio publicada hasta 1947. Hubo una segunda edición en 1955 y otra tercera en 1966. La del cincuenta y cinco es la que ha llegado a mis manos desde Tallín.  El estonio es una lengua emparentada con el finlandés, diferente de las lenguas eslavas y escandinavas, fue normalizada gramaticalmente a finales del siglo XIX como tantas otras sujetas al impulso nacionalista que cubrió Europa por aquellos tiempos. Aita había nacido en 1901, y vivió la dureza de guerras y ocupaciones durante toda su vida. Tradujo del español, portugués y ruso.



Aita Kurfeld (1901-1979)



Se casó con August Hanko que era veinte años mayor que ella, hombre político, comerciante, también traductor, que fue deportado a Siberia donde permaneció siete años. Al regresar en 1952 murió a los pocos meses.

Podemos imaginar qué debería ser para los disidentes estonios leer el Quijote durante la ocupación rusa. Qué lugar podía tener para mitigar las atrocidades cometidas por los nazis, por la política de tierra quemada de los rusos, por el holocausto, por la presión para la germanización primero y luego la rusificación de la población. Realmente, ¿qué podía aportar el Quijote? ¿Porqué hubo tantas ediciones en los años cuarenta, cincuenta y sesenta para una población que entonces no llegaba al millón de habitantes y de los cuales un tercio no hablaban estonio?

Escribo desde la atalaya del año dos mil veinte.  Está muy lejos el sufrimiento que marcó el siglo XX. Los estonios han generado dentro de la Unión Europea una sociedad abierta al mundo, dinámica, y han aportado innovaciones informáticas de primera línea como el correo hotmail, o la plataforma Skype.  Ahora ojeo los dos volúmenes de mi Quijote en estonio, veo el sello de la biblioteca en cuyos anaqueles reposaron durante años, una biblioteca dedicada a un jefe militar, Peeter Mei, que murió en el significativo año 1941. Estos volúmenes fueron vendidos a un librero de segunda mano, retirados de las estanterías con su registro 2.10, número 7181. El servicio que hicieran a alguien en esos años grises, aquellas fantasías, parece que ya no encajan con el mundo de hoy. Los lectores actuales leen quijotes distintos.
Me ha llamado la atención que en el idioma estonio no existe el tiempo verbal del futuro. Para decir que algo pasará lo dicen en la forma del presente atemporal junto a participios e infinitivos. Algo muy lioso para nuestra forma occidental de ordenar el espacio-tiempo. Pero, lo importante de esto es que el idioma estonio reconoce que el futuro solo existe en el presente, lo que me evoca que el presente puede desarrollarse en ausencia de futuro, pero no del pasado. En el mundo novelado, moderno desde Cervantes, el futuro alojado en el presente acelera el tiempo, precipita las acciones hacia algo predefinido que, de verdad, no existe, que es una ficción.  Volviendo al Quijote, algo se ve de los efectos de desterrar el futuro. Lo apreciamos cuando el escritor muestra la agonía de Alonso Quijano, cuando retirada cualquier idea de futuro, deja aflorar la claridad que regala al Quijote el sentido de todo su pasado.





domingo, 14 de diciembre de 2014

Mi Quijote italiano

En las sinceras lágrimas de Sancho Panza

Es una edición de los años sesenta con la reproducción de los dibujos que había hecho Dalí. El papel de tamaño folio recuerda al de la revista Destino, de pocos gramos y algo brillante, lo que da lugar a  una combinación poco atractiva, aunque pretensiosa. El libro es la encuadernación de los fascículos que fueron saliendo durante meses. Todo ello desmerece algo el trabajo de un Dalí tan generoso en la profusión de dibujos de todo tipo. La traducción es del hispanista Vittorio Bodini del que se celebra ahora el primer centenario de su nacimiento. Poeta, ensayista, traductor, siempre inmerso en la cultura del Sur como Europa.

              Volviendo a los dibujos de Dalí, hay uno que me gusta en especial: se ve a Don Quijote de espaldas saliendo del establo montado sobre Rocinante. Es el momento que contiene el drama, toda la tensión del hombre enfrentado a su futuro: allí fuera esperándolo un destino lleno de monstruos y todo tipo de seres a cuál más peligroso. Sin embargo, lo único real es que ese hombre va a enfrentarse a la imagen que de sí tiene. La lucha con los espectros y malandrines, al fin, puede ser cómica, pero el encaro con uno mismo contiene el drama más profundo al que un caballero andante se pueda enfrentar.



      ¿Qué debió pasar a caballo de los siglos XVI y XVII cuando el drama entró de lleno en la dimensión de la mismidad y desplazó la melancolía. Debió ser en Italia, ese sur de Europa, donde fraguó. Lo dejó claro Monteverdi en su música, la que por primera vez llenó de tensión para explicar un mito, el de Orfeo y Eurídice. Con ello dio a luz a la ópera.
      ¿Cómo viró el Renacimiento para alcanzar por un lado un tiempo musical impregnado de ritmo y, por otro, una narrativa de intensidad?  Así dejó de valer la contemplación polifónica, con lo que quedó liberado al aire el canto roto de lo personal. En cuanto a las letras, el cielo multicolor cayó sobre los polvorientos caminos de la vida, y Cervantes pudo regalarnos el género de la novela. De esta manera lo debió ver también Shakespeare en su más que probable estancia en el país transalpino. Y también Michael de Montaigne que viajó por tierras italianas cargado de libros. Opera, novela, ensayo, teatro. Si bien estos hombres no coincidieron en el tiempo en ese lugar, todos pasaron por él y algo debieron compartir. ¿Con qué aire tan fecundo contaminaron su creatividad para atreverse a poner al hombre frente al hombre?
       Cuando Orfeo se giró para mirar a Eurídice, a sabiendas que esto la devolvía al mundo de los muertos, aceptó su drama,


el mismo que asumió Alonso Quijano al salir, adarga en mano, por los campos de Castilla; después, ya roto y desgarrado volvió Don Quijote. Desde entonces seguimos sin encontrar una cura para esas hendiduras que nos arpan. Pero, ¿dónde está el consuelo? No en el escepticismo de Montaigne, ni en la acerada disección de Shakespeare. Quizá en la música sacra de Monteverdi, o en las lágrimas sinceras de Sancho Panza.





Nota: Ayer fue Santa Cecilia, patrona de la música! 


lunes, 1 de diciembre de 2014

Mi Quijote turco

El volumen me llegó desde una librería de viejo de la calle Türkgücü del barrio de Beyoglu en Istambul. Es un libro sencillo, grueso, todo él letra. Su tapa, austera, presenta alguna rozadura.

     Parece que nadie lo ha leído, de tal manera que si se queda en mi biblioteca permanecerá virgen. Está editado en 1996 por lo que no ha pasado muchos años en ese bullicioso barrio, un rincón del antiguo Istambul que ha mantenido su carácter cosmopolita por las numerosas delegaciones diplomáticas alojadas en él. Multitud de paisanos y algunos extranjeros habrán tenido este volumen entre sus manos sin decidirse a comprarlo, así que lo encontré medio abandonado en ebay.
     Ahora a Cervantes le hubiera gustado pasear por esas calles y practicar algo el turco aprendido durante el tiempo que estuvo cautivo en Argel. De buen seguro habría encontrado este mismo ejemplar y hubiese tenido una gran emoción al leer: "La Mancha'nin, adini hatirlamadigim bir köyünde, ..."

      A dos calles de la librería se encuentra el Museo de la Inocencia: el único museo del mundo basado en un libro. Orhan Pamuk publicó en 2008 la historia de dos familias turcas; la acción novelada transcurre desde los años cincuenta del pasado siglo hasta el inicio del actual. En el año 2012 inauguró el museo que contiene todos los detalles sobre los que se apoya el relato. Una simbiosis entre texto y arquitectura/ornamentación que recuerda que este mundo es el resultado de una mezcla de ficción y fantasía sobre la presencia de los objetos. Pamuk había recibido ya el premio Nobel de literatura, en el año 2006, después de enfrentarse a un proceso inquisitorial en pleno siglo XXI por unas declaraciones sobre el pueblo kurdo realizadas a pecho descubierto. Tuvieron que salir en su defensa todas las grandes plumas, además de ponerse en marcha una movilización general para frenar su procesamiento, y también para la defensa de la libertad de expresión. Cuatrocientos años le separan de Cervantes, pero las condiciones de opresión siguen emergiendo igual que entonces. Cervantes las conoció bien, como todo escritor de su tiempo. Al igual que Orhan Pamuk, Cervantes se posicionó en su día públicamente, -en su caso respecto a los moros, moriscos y turcos-, pero dados sus tiempos poco amables a caballo de los siglos XVI y XVII, él solo pudo utilizar sutilezas literarias. Pero valentía, la misma.

Museo de la Inocencia

     Dicen que el hombre ha de nacer dos veces; una a la luz exterior y otra a la interior. Es esta segunda la que con toda probabilidad vio Cervantes en Argel, una luz matizada por el mediterráneo bereber tan multicolor. De buen seguro le aportó la capacidad de ver más allá de las formas aparentes, con lo que descubrió la mezcla quimérica que amalgama la esencia de cualquier hombre y mujer. Esa fue su dimensión, el suelo narrativo y fantasioso de su propio existir y el de sus personajes. Un tipo nuevo de identidad reconocible hasta en nosotros mismos. Sin embargo, esta matriz moderna tampoco impide que sigamos inmersos en la ambivalencia entre la asignación de dignidad -ahora llamada derechos humanos-, y la garra feroz del mal, ese mismo al que Don Quijote, a pecho descubierto, se había enfrentado sin desfallecimiento.


domingo, 22 de diciembre de 2013

Mi Quijote en hebreo

El Quijote Hebreo






Recibí los dos volúmenes desde Tel Aviv. Tapas rojas, duras, algo plastificadas en recuerdo de aquellos años sesenta invadidos por la nueva tecnología del petróleo. El papel de tacto estraza, amarilleado y más oscuro de los bordes. Su aspecto poco cuidado no hace honor al traductor, el literato Nathan Bistritzky de origen ruso, ni al pintor que lo ilustró, Marcel Janco, procedente de Rumania. Ambos emigraron a Palestina para participar en la construcción de un nuevo hábitat, allí donde lo tuvieron sus antepasados. Nathan Bistritzky nació en Rusia en 1896 y llegó a la cálida Palestina en 1920 después de la Primera Guerra Mundial. Trabajó sobre el judaísmo de Sudamérica y fue el primero que tradujo el Quijote completo al hebreo. Esto último pasó en la década de los cincuenta. Desde Bucarest llegó en 1941 Marcel Janco empujado por la marea nazi. Era un año mayor que Bistritzky. Había participado junto a otros artistas en la fundación del dadaísmo en Zurich. En aquella Suiza tan burguesa habían soñado que el caos y la racionalidad no racional podrían ayudar a hacer un mundo mejor. Ambos, hombres rotos por la locura del siglo XX, llevaron su Quijote a Israel.


Don Quijote impartiendo justicia con los galeotes

Miré por Google Earth la tiende desde donde me habían enviado los ejemplares.
Curioseé por sus alrededores, y cuál no fue mi sorpresa cuando descubrí en el parque colindante una escultura que bien podría representar el espantoso baladro de un monstruo quijotesco.
Monstruo en el parque de Har HaBanim de Ramat Gan en Israel

Pero no, es otro tipo de monstruo, una alegoría al horror del Holocausto.













Don Quijote, personaje que fue sensible a la pérdida de la "península de las tres culturas", en su incesante movimiento por los caminos en búsqueda de aventuras, de buen seguro, lo habría interpretado como el mayor de los enemigos. Él, que se mantuvo en movimiento continuo para construir un universo de justicia, hubiera luchado contra ese mal hasta la extenuación, como ningún otro caballero andante.

Bistritzky y Janco viajaron hacia la tierra prometida para construir su mundo. Contrariamente los viajes del Quijote eran distintos: él viajaba para construir el mejor de los posibles, independiente de cualquier lugar. Ellos precisaron hacer habitable un espacio donde cupiese su historia. Por contra Don Quijote, en su irracional racionalidad, no se sentó, ocupó un tiempo sin espacio, transitó, y por lo tanto duró. Las cosas a su alrededor sí estuvieron fijas, pero él, que siempre mantuvo una distancia, sufrió desde su radicalidad una profunda infelicidad.

Don Quijote vencido en las playas de Barcelona





Soñamos que habitar la tierra es la mayor garantía de felicidad, y para ello no paramos de asentar y construir. Sin embargo, una grieta se abre bajo nuestros pies; la humanidad nos separa siempre de la tierra, por lo que, queramos o no, nos hace trashumantes. Esta es la razón por la cual Alonso Quijano, cuando se vio confinado en su casa, no pudo mantener con vida a Don Quijote, porque la naturaleza del hombre tiene más de temporal que de espacial, más de abertura a lo desconocido que de cerrajón entre las paredes.








Nota: Los dibujos son de M. Janco

domingo, 24 de febrero de 2013

Mi Quijote portugués


“O engenhoso Fidalgo Dom Quixote de la Mancha”

Me sorprendieron de Lisboa sus desniveles. Es curioso que cuando te has imaginado algo, experimentarlo en contra de tu idea previa crea un cierto desasosiego. Y eso en cosas tan triviales como si una ciudad es más o menos plana.  Lisboa me pareció una ciudad en cierto sentido fracturada, y por lo tanto diversa. Su falta de homogeneidad me llamó fuertemente la atención, así como que su monasterio más famoso, Los Jerónimos, estuviera literalmente fuera de la ciudad, como en un aparte. Por otro lado, el barroquismo que quiere unificar la ciudad no deja de poner de manifiesto todavía más su diversidad. En el barroco, con todos sus  recodos, con tanto trasiego como el que se originó entre un aquí y un allá, no es de extrañar que se abriesen espacios para la trasformación del individuo, es decir, para la realización personal de los horizontes imaginados. Lisboa, abierta al inmenso océano al final del enorme río, me pareció una puerta a lo desconocido de su mar infinito,y también de lo ignoto de sus propias aguas.

Busqué por los mercadillos de la ciudad una edición del Quijote en portugués, pero me volví a Barcelona sin conseguir ninguna. Hubieron de pasar casi diez años hasta que consiguiese una edición. Editada en Lisboa en el año 1933 me regaló mi familia brasileña  en Sao Paolo. Es una edición en tres volúmenes, de tamaño pequeño, todos ellos amarillentos, con una dedicatoria a una tal 'Dona Hilda', fechada el 13/1/950, en Guaira, es decir en la frontera entre Brasil y Paraguay.  


Cataratas de Iguazú, cerca de Guaira, por que en Brasil todo está cerca
Con mi madre en las cataratas, el mes que cumplió los noventa
¿Qué viaje tan fantástico, desde Lisboa al Brasil, al Brasil fronterizo,- ¡y en los años cuarenta!-, para después de estar en una estantería de una tal Sra. Hilda, ir a parar a Sao Paolo, y de allí a mi biblioteca! Ah!, y no sé si en la anotación de la fecha, el hecho de no poner la unidad del milenio es un error sin más, o bien responde a una idea de mantener la identidad precolombina. La traducción es conjunta de los Viscondes de Castilho y de Azevedo. El primero fue “el” escritor y poeta  romántico portugués, ciego desde la edad de los seis años. Vivió y trabajó hasta la edad de 75 años. No pudo leer ni tampoco escribir y su labor fue posible al escuchar y dictar. Murió sin acabar la traducción del Quijote, que lo hizo otro vizconde, el de Azebedo. 
Recordando otros literatos ciegos Jorge Luís Borges dijo que al traducir hay que interpretar y luego vertirlo en la segunda lengua, es decir ¡qué mejor que un poeta para interpretar y traducir a otro poeta! De hecho, traducir es recrear en otra lengua en un sentido amplio. Y, ¿qué mejor que un poeta romántico para comprender el espíritu libre de Don Quijote y  recrearlo en una lengua distinta? Para Don Quijote  la fuerza del deseo, la libertad individual y por consiguiente su poder, fueron las características que le permitieron pasearse por media península cuando la Inquisición amarraba las almas y los cuerpos. Fue Spinoza, un descendiente portugués sefardita afincado en los Países Bajos, buen lector del Quijote, el que subrayó que es el deseo de Alonso Quijano el que mantuvo vivo a don Quijote. De hecho, creo, que esta es la novela de Alonso Quijano, que aunque se le ve poco a lo largo de la historia, él es el hombre y  sólo él el que la hace posible. No son las locuras de Don Quijote, sino la cordura de Alonso Quijano, con su inquebrantable deseo de mantener vivo a su personaje, la que hace universal a la obra, y también, dialógicamente, la parte de locura de Alonso Quijano y la parte de cordura de Don Quijote las que acaban de dotarla de verosimilitud, de proximidad  a las realidades vivenciales.
 Son muchas las lenguas que traducen ‘hidalgo’ por  algo que es más parecido a ‘caballero’: en aleman  ritter, chevalier en francés, knight en inglés. Claro que Don Quijote era un ‘Caballero’, pero Alonso Quijano era un ‘Hidalgo’, es decir, aquella persona  que es hija de unos hechos o condiciones de carácter mayor, noble, y de los cuales y por los cuales, sus actos encuentran fundamento y capacidad de poder. Es aquí donde Alonso Quijano se presenta con toda su fuerza para hacer prevalecer los valores antiguos de la Caballería Andante, que se abren hacia los nuevos de la sociedad  de los siglos XVII al XX, y de los que somos herederos. Por eso la vida siempre nos trae a alguien con pasión de vivir, voluntad insobornable, poder, deseo y utopía a raudales. Y así fueron muchos, como José Antonio Labordeta, que nos dejó el año de 2010, después de cabalgar por toda España con sus canciones  y su discursear en solitario en las Cortes de la carretera de San Jerónimo.
J.A. Labordeta
 Entre tanto Gilda, eros, se va haciendo presente a lo largo de todas las aventuras en forma de deseo, en forma del ser deseado y a través de todos los medios que de uno llevan al otro. El hombre enamorado y la mujer idealizada, y objeto de ese amor, son enlazados en mil formas distintas que los aproximan al mismo tiempo que los alejan entre sí. Es una tensión que atraviesa todas las aventuras y que, como tal, queda irresuelta, aunque ha permitido que se desarrollase toda la historia. Es, pues, eros el ánima de la obra. Aunque sólo sea el de un hombre tímido y melancólico es de tal potencia que es capaz de llenar de contenido todos los mundos de Alonso Quijana y de Don Quijote. 

sábado, 9 de febrero de 2013

Mi Quijote ruso



Гениальный идальго Дон Кихот де-ла-Манча”

 Me llegaron los dos tomos desde Tallinn, capital de Estonia, editados en Petrogrado nada más ni nada menos que en 1917, y que a pesar de tanta historia convulsa han recabado aquí en bastante buenas condiciones. De manufactura sencilla, con tapas de cartón imitando piel de animal exótico, el papel ha envejecido en un tono tabaco rubio.  Por las indicaciones inscritas en la contraportada deben haber estado esperando muchos decenios en las estanterías de alguna biblioteca pública. Claro que por las señales de uso que presentan no creo que haya habido más de dos personas que los hayan leído. ¿Fueron estos libros hasta Tallinn con las tropas de ocupación soviéticas en 1944? ¿Hicieron este viaje al igual que la mayor parte de la primera edición del Quijote, que fue a parar a las Américas? Por aquellos entonces España estaba inmersa en la consolidación de un inmenso imperio y en una guerra sin fin en los Países Bajos. Todos los imperios, después de las armas envían las doctrinas, e inician la asimilación lingüística. Detrás de las armas vienen, pues,  las religiones, y la lengua, tanto o más eficaces que las espadas. 
            Los dos tomos me llegaron desde la calle Voorimehe, cerca del monumento a la guerra de independencia de Estonia transcurrida entre los años 1918 y 1920. Nuevamente en 1990 volvió a desprenderse de su ocupante ruso. Supongo que entonces algún anticuario los debió de obtener de alguna biblioteca rusa desguazada tras la nueva independencia de finales del siglo XX.

            En mis años infantiles al hablar del pueblo ruso se decía que era muy distinto a los otros europeos, pero que sin embargo, parecían existir semejanzas con el pueblo español, (al igual que el ancho de las vías del ferrocarril). No sé si esto eran reminiscencias de la participación rusa en nuestra guerra civil, o hasta qué punto puede ser cierto incluso mi recuerdo.  El caso es que el Quijote tuvo en Rusia un gran impacto ya desde el siglo XVIII, hasta el punto que para una mejor comprensión se “rusificaron” las aventuras, y se añadieron algunas nuevas.  No es de extrañar que para los helados campos rusos fuese difícil entender la tórrida meseta manchega. Pero a diferencia del centro de Europa, donde fue el carácter cómico de la novela el que más interesó, en Rusia se entendió enseguida su carácter trágico, profundo. Algo fronterizo, especial y compartido entre españoles y rusos, hace que a tanta distancia se perciba de forma semejante el crujir del vivir. Buena muestra de ello fue la producción cinematográfica del Quijote en 1957, con Crimea como telón de fondo. Un Quijote explicado con un orden distinto del de Cervantes, que no esconde ciertas críticas sociales y que consigue transmitir un idealismo vital. Está dirigida por Kozintsev,  y Nicolai Tcherkasov interpreta al Caballero de la Triste Figura.

Don Quijpte de Kozintsev, 1957

            La traducción a cargo de María Watson es la primera traducción literal al ruso que se realizó después de doscientos años de traducciones a la carta, muchas de ellas realizadas desde traducciones previas del francés y posteriormente del alemán. Toda traducción no deja de ser una interpretación, y los rusos lo hicieron muy claramente desde su propio prisma. Quizá por ello tuvo tanto éxito la obra de Cervantes, porque fue re-interpretada en un marco cultural que además compartía algunos arquetipos básicos con el español. Es posible que las traducciones muy fieles no consigan despertar en los lectores sentimientos de empatía y profunda comprensión. Algo semejante debe pasar con la música. En esta línea recuerdo la última actuación de Alicia de Larrocha en el Auditori de Barcelona el 24 de enero de 2003, en que se despidió de su público barcelonés con el concierto para piano y orquesta N 23, K488, de Mozart. ¡Qué poco se podía imaginar Mozart aquella escena, aquél piano de cola, aquella sonoridad por él nunca oída! Era una re-interpretación, más o menos fidedigna, pero al fin ¿tan solo una re-interpretación? Todo el pública era consciente de los momentos que se vivían, y en ese instante la música de Mozart sufrió no una versión, sino una re-construcción: era la música de Alicia de Larrocha.

            De entre las traducciones que han llegado a mi colección, María Watson es la primera traductora. El que haya sido una mujer la que realizase tamaño trabajo ahora nos parece algo normal, pero creo que no lo era en el siglo XIX. Es difícil saber desde aquí quién fue esta María Watson, pero no descarto conocer algo de ella algún día. Ha habido que andar un largo camino para conseguir que el género no sea el elemento que determine el grado de dignidad de las personas. No existen grados en  la dignidad. Así es como Don Quijote era tan proclive  a doñear a las mujeres trayendo a la realidad las dignidades dispuestas en sus horizontes.

Don Quijote de Kozintsev, 1957




domingo, 27 de enero de 2013

El quijote holandés


"De geestrijke riddere Don Quichot van de Mancha"


Recibí los cuatro volúmenes que componen esa edición de 1941 desde una librería de viejo situada en el barrio de Jordan de Amsterdam, a pocos metros del canal Prinsengracht. Al otro lado de la rivera se encuentra la iglesia Westerkerk con su campanario, el más alto de la ciudad antigua. 

La casa de Ana Frank y la Iglesia
Estos libros seguro que habían reposado años y años en los estantes de esa librería oyendo  puntualmente, cada día, el repicar de aquellas campanas, siempre regulares, excepto, claro,  los domingos en  que como si tuviesen un acceso febril se activan repicando casi sin parar, en una llamada a la que es imposible no darse por aludido. A pocos metros y en la misma acera, se encuentra la casa donde se refugió la familia Frank. La misma Ana se refiere en su famoso diario a esas campanadas, las mismas que hoy podemos todos seguir escuchando. No las pudieron escuchar más aquellos que perdieron la vida en esa barbarie aniquiladora que asoló Europa en los primeros años cuarenta, justo cuando la tinta de estos volúmenes se estaba secando. ¿Cómo era posible que coexistiera tanto horror, tanto odio, con la alegre llamada al servicio del Señor?. En el altillo de la familia Frank, en obligado silencio contrastado con el repicar de las campanas, transcurrieron más de cien semanas, con sus cien domingos y sus correspondientes Pascuas. Sigue si poderse dar a día de hoy una respuesta mínimamente consoladora a tanta ignominia.


Me llegaron los libros envueltos en papel de diario holandés, que no desentonaba con el aspecto gris de los volúmenes, gordos, algo ásperos. Este Quijote corresponde a una traducción nueva, la de  C.F.A. van Dam y el poeta J.W.F. Werumeus Buning. El prólogo, en español y holandés, por el cónsul español en la Haya, Germán Baraibar y Usandizaga. El papel grueso, y la impresión algo imprecisa,  correspondían a tiempos de escasez.  Holanda bajo el dominio nazi, y de fondo el “problema “ judío. Habían pasado casi trescientos cincuenta años desde la publicación de la primera parte del Quijote y Europa seguía inmersa en una problemática perennemente irresuelta. La España de Felipe II, contrareformista e inquisitorial, vivía  sobre una ausencia muy presente: el pueblo judío sefardí expulsado, aparte de aquellos conversos que quedaron semiescondidos. Tres siglos después, casi lo mismo, aunque en grado sumo de crueldad con la solución final. 
Es en la España barroca y cerril, que inicia su andadura una figura imprescindible para la historia, nuestro Quijote,  que desde entonces no deja de surcar caminos, por cualquier parte del globo, en donde la injusticia sistematizada prevalezca. Parece ser que el cónsul Baraibar, hombre muy bien posicionado en el nuevo régimen franquista, consiguió sacar de los Países Bajos a un buen número de ciudadanos judíos sefardíes, ademas de otros procedentes del centro Europa, todos con visados españoles. Lástima que él sólo estuviese en el país hasta 1942 y que su acción no hubiese podido prolongarse para salvar a muchos más, como pasó en Hungría, y también en otras delegaciones españolas que extendieron visados a judíos sefardíes como si todavía de españoles se tratase. Fue ésta una acción del nuevo régimen franquista quizá servida por un cierto quijotismo en la defensa de los desvalidos. Sin embargo, también es cierta la represión de las comunidades judías establecidas en territorio español, por lo que en general la actitud oficial española, la del nuevo régimen, quedó, como mínimo, algo ambigua. Por otro lado, no creo que esta actitud tan valerosa fuese por un sentimiento compensación al pueblo holandés por los ochenta años de ocupación de las tropas españolas a caballo de los siglos XVI y XVII.  Mas bien pienso que fueron acciones aisladas de almas infiltradas por el más puro espíritu quijotesco.
El holandés me parece un idioma de jotas, kas, us e ís. Así cuando Don Quijote le dijo a Sancho aquello de: Vriend Sancho, zult gij zien de dingen, es decir, Amigo Sancho, cosas veredes, no creo que ni el propio Cervantes, con su más que probable historia familiar judeo conversa, hubiera podido imaginarse la debacle que vería contemporáneamente esa nueva edición de su Quijote. Pero, y aquí se ve la grandeza de nuestra especie, una niña de apenas catorce años, metida en un zulo, del que sólo saldría para ir a morir a un campo de exterminio, nos deja la siguiente reflexión:
           
“Para todo el que tiene miedo, está solo o se siente desdichado, el mejor remedio es salir al aire libre, o a algún sitio en donde poder estar totalmente solo, solo con el cielo, con la naturaleza y con Dios. Porque sólo entonces, sólo así, se siente que todo es como debe ser y que Dios quiere que los hombres sean felices en la humilde pero hermosa naturaleza.
            Mientras todo esto exista, y creo que existirá siempre, sé que toda pena tiene consuelo, en cualquier circunstancia que sea. Y estoy convencida de que la naturaleza es capaz de paliar muchas cosas terribles, pese a todo el horror”

No sé porqué, pero me parece que la pequeña Ana era conocedora de la existencia de las soledades bajo las estrellas del Caballero de la Triste Figura. Y si no es así, es que fluye por debajo nuestro un mundo participado, en donde aportó muchos granos de arena el más erasmista Cervantes.